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laura cano
mujeres patéticas

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Estos son los mensajes que he recibido en riguroso orden de recepción, se abre el derecho a réplica, o no.

¡¡¡Muchas gracias a todas!!! 

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Bsotes
laura cano

 

Zenia - dilluns, 28 / abril / 2003 22:53

UN PEQUEÑO CUENTO PATÉTICO
    

Esta historia no pretende ser ni interesante ni divertido. No tiene nada importante de contar, y tampoco pide que el lector comprenda o siquiera se identifique con la protagonista. Simplemente es una historia patética de la vida de una mujer parcialmente patética…

Un día, o más bien una tarde, hace no demasiado tiempo, hubo en la ciudad de Estocolmo una reunión muy importante para gente muy importante de una asociación para empresarios de multimedia e informática. La autora de este cuento estuvo allí, junta con dos amigas y compañeras de un periódico de internet que redactaban en aquel momento. Pensaban que no iría mal conocer a la gente del dicho sector, y por lo tanto habían ido a la reunión con el objetivo de hacerse socias de aquella asociación.

Antes de llegar a los temas más, digamos, serios, al director de la asociación le parecía conveniente hacer una cena en el ático del edificio de uno de los periódicos más grandes de Suecia, para que nos conociéramos mejor. Todo era muy elegante, con vistas panorámicas de la ciudad, y salmón ahumado y otras delicias en los platos. El director dio la bienvenida, y todos se sentaron bajo silencio. Después de unas palabras de cortesía, empezaron a comer y a charlar con la persona a su lado.

Hay que destacar que la autora de esta historia tiene una fobia de situaciones muy formales. No sabía qué decir para parecer estar a la altura de los demás, y no tenía la confianza suficiente como para simplemente ser sí misma. Resulta que no habló mucho, y probablemente estaba bastante nerviosa. Cuando todos estaban acabando el primer plato, el director propuso que los participantes de la cena – conferencia se presentaran ante los otros. Así fue. Todo iba bien, y la autora, aunque ahora un poco más nerviosa, dijo unas palabras informativas de quién era sin ningún problema en particular. Pero, al final tocó al último socio, que estaba sentado al lado del director. Tenía una pinta de “yuppie” de película, como si viniera directamente de la bolsa de Nueva York donde había especulado con millones de euros, o más bien, parecía haberse esforzado para que pareciera así.

Aclaró la voz durante lo que parecía por lo menos 5 minutos. El silencio de la sala era casi insoportable. Incluso se escuchaba los latidos del corazón del que estaba al lado. Al final dice su nombre;

– Soy Jerry Stake, dijo con la mayor seriedad, lo cual posiblemente es lo que más ridículo parecía. Para saber la gracia de esto hay que ser muy infantil, y además saber sueco. Stake quiere decir el miembro masculino, el chorizo, lo que prefieras llamarlo. Su carácter junto con su nombre, y la seriedad exagerada de la situación sólo fue demasiado. La pareja joven frente de la autora estaba temblando un poco y sonreían involuntariamente. Todos miraban a sus platos. Pero la autora no podía aguantar más. Después de haber intentado todo lo posible para tragar, rompió el silencio aplastante con una risa explosiva, que le hizo salir ríos de lágrimas y la comida que tenía en la boca se fue volando sobre la mesa. Todos giraron sus cabezas para mirarla, menos la pareja, que luchaba para no seguir su ejemplo. Señor Stake se quedó callado en seguida, mirándola con, se supone, mucha frialdad.   

La autora susurró algo parecido a “perdón”, se levantó y se dirigió hacía la puerta de salida. La sala permaneció en silencio hasta que el director dijera que todos tomaran una pausa para ver los locales del periódico, y después volvieran a la cena. La autora pasó mucho tiempo en el lavabo, como no podía salir sola del local.

Sin embargo, no sólo la autora de este cuento se comportó de una manera ligeramente patética aquella tarde demasiado prestigiosa para unas mujercitas que no quieren ser adultas, y que en el fondo están orgullosas de escuchar tanto a su niña interior... Una amiga de ella se escapó del evento rígido antes de que siquiera se presentara. Huyó en pánico por el miedo de quedarse sin palabras, sentirse cuestionada, ponerse roja como una niñita tímida ante los hombres de traje y corbata que sabían mucho mejor las reglas del juego. Y, huyó en el ascensor para la comida, aplastada entre los platos y los residuos de pollo y patatas, cosa que ha sido motivo de muchas risas entre amigos y amigas. Es lo bonito de lo patético; no hay nada que sirva tanto para reírse como los fracasos de los demás, y, para nosotros con menos prestigio, a nosotros mismos.  

Pilar - dimarts, 8 / abril / 2003 18:45

Yo no me siento ofendida, iba a decir "nunca" si detrás hay un buen mensaje...

pero no es cierto, es mi primer patetismo declarado, a veces no leemos bien las palabras de los "otros" (eso dicen ellos/as) y nos toca la fibra aquello que querriamos oir desde la comprensión, Puede ser estamos sensibles por la primavera... tengo ejemplos recientes que al verlos escritos seguramente me harian ver el posco valor que tienen.

No me gusta el título "mujeres patéticas" porqué lo veo priorativo, pero si se trata de sacar lo que tenemos de "pateticas" sin por ello sentirnos "patéticas" :-) ... Creo en los grupos y en "el consuelo de la compañia" que puede enriquecer el alma de las mujeres que tenemos el "vicio" de pensar demasiado...

Vicky - dimarts, 8 / abril / 2003 12:54

Mujeres patéticas son...

las que mienten,
las que se rinden,
las que son hipócritas,
las que huyen,
las que no se arriesgan,
las que olvidan,
las que se aíslan,
las que se protegen,
las que no sienten,
las que no sueñan,
las que hieren,
las que fingen,
las que ignoran...

Todas, en alguna u otra ocasión, somos o hemos sido
mujeres patéticas.